La crisis global de la masculinidad

“Solo hay una cosa que es tan global como la era digital: Es la crisis de la masculinidad.”

Esta tesis fue formulada por el periodista Daniel-Dylan Böhmer en su artículo en el periódico alemán Die Welt: “¡Mujeres del mundo: Sálvanos de estos hombres!”

Böhmer observa que la violencia contra las mujeres está creciendo – no solo en América Latina, sino en todo el mundo. Escribe que en Guatemala un promedio de dos mujeres son asesinadas cada día. En la India, miles de mujeres son asesinadas por la dote cada año. En Estados-Unidos, el 83% de las niñas han sufrido acoso sexual y en la Unión Europea entre el 40 y 50% han sufrido hostigamiento laboral.

Según Böhmer, el problema no está basado en la cultura, ni en la religión. Está basado en los hombres que sufren una crisis de la masculinidad – en todo el mundo.

Recientemente, Estados Unidos votó por un presidente aunque acusado por intentos de violación se vanagloria de otras agresiones sexuales.

Böhmer se pregunta: “¿La violencia contra las mujeres en el mundo es hoy en día más fuerte, más frecuente, más brutal?”

Llega a la conclusión que es difícil investigarlo por la gran cantidad de cifras, pero se da cuenta, que hay hombres líderes en la política que frecuentemente le quitan importancia a la violencia sexual, la normalizan y la legitiman.

El periodista consta que ningún grupo terrorista en la historia del Islam colocó a la violencia sexual en el centro de sus conceptos tanto como la milicia del Estado Islámico. Con una resolución judicial que explica la esclavitud sexual de las mujeres como medio para provocar el Día del Juicio, el Estado Islámico recluta luchadores potenciales y conversos en Europa, Estados Unidos, África y Asia.

¿Pero es posible que exista un paralelo entre los feminicidios en América Latina, los esclavistas del Estado Islámico y el presidente de los Estados Unidos?

Böhmer observa que hay una cuestión que, analizada desde una perspectiva de género, es tan universal como la tendencia a la agresión sexual: las experiencias de la devaluación de los hombres en el cambio radical de las economías y las sociedades.

El ámbito laboral está cambiando. Calidades supuestamente masculinas como la fuerza y la desconsideración, están siendo devaluadas en una economía que requiere de comunicación y adaptabilidad, escribe Böhmer.

En el nuevo mundo laboral las mujeres son seguras de sí mismas, independientes y fuertes en sus relaciones. Y en Lima, Nueva York y Mossul, los hombres se quedan atrás. Ellos entran en crisis porque tienen la impresión que pierden sus privilegios, su estatus y quizás su trabajo. Esta crisis económica puede llevarles a ser más violentos, escribe la periodista Ute Scheub.

Böhmer señala que esta crisis de la masculinidad es un peligro para el planeta. Y las mujeres tampoco se salvan de esto.

¿La razón por el crecimiento de la violencia? El miedo. La nueva masculinidad consiste en la ansiedad. Su valor emocional es tan transcultural como la música pop o la Coca-Cola. Los clichés del dominante hombre blanco y del déspota oriental ya no existen más. Las antiguas imágenes culturales de los hombres han pasado a la historia, lo único que queda es este antihéroe que en realidad es un hombre tembloroso. Es una tragedia de nuestro tiempo, concluye Böhmer. El pide: Mujeres del mundo: Sálvanos de hombres como estos antihéroes. Solos ya no logramos más.

 

Fuentes:

https://www.welt.de/debatte/kommentare/article160952911/Frauen-der-Welt-rettet-uns-vor-diesen-Maennern.html

http://www.deutschlandfunkkultur.de/maenner-koennen-in-einer-krise-gefaehrlich-werden.954.de.html?dram:article_id=145104

Fotos:

(1) “GreenLabyrinth” by Ferenc Ungor is licensed under a Creative Commons license: https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/

(2) Adrian Arriola

(3) “Man” by José Carlos Cortizo Pérez is licensed under a Creative Commons license: https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/

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Acerca de “Con mis hijos no te metas”

Compartimos con ustedes la colaboración de nuestro blogger invitado, Manuel

Manuel Bartra Mujica es abogado laboralista, graduado con honores en la Universidad de Lima, con especialidades de post grado en gestión del talento. Además de su actividad profesional, escribe columnas de opinión respecto a sus intereses políticos y sociales.

Acerca de “Con mis hijos no te metas”

“La ignorancia es atrevida”,  frase atribuida a Domingo Faustino, nos sugiere que mientras menor conocimiento tengamos más brutales, violentos e intolerantes seremos con nuestro prójimo. Vale decir, mientras más ignorantes somos, nuestra conducta es más salvaje,  desconsiderada y menos acorde con los verdaderos valores cristianos.

Tal frase me viene a la mente con ocasión de la marcha que durante los próximos días se realizará bajo el lema “Con mis hijos no te metas”, promovida y suculentamente financiada por grupos ultraconservadores y religiosos que pretenderían evitar que el Ministerio de Educación incluya en el currículo escolar la denominada “ideología de género”, que -según ese colectivo- sería una suerte de adoctrinamiento perverso y demoníaco para que los niños y niñas elijan impúdicamente su sexualidad y puedan convertirse en pequeños travestidos.

Como el sentido común sugiere, esto último no solo es una absurda exageración sino una tendenciosa tergiversación, que por cierto ya ha sido tajantemente rechazada y desmentida por nuestra máxima autoridad del sector de Educación. Por lo demás, es obvio que la orientación sexual -simple y llanamente- no se puede enseñar ni mucho menos imponer, ya sea con clases o forceps, de modo que aún en el fantasioso supuesto negado que el Estado tuviera como finalidad volver a todos los niños del Perú homosexuales, tal propósito sería tan imposible como pretender que los niños -de pronto- se vuelvan -por ejemplo- rubios o pelirrojos.

A su vez y desde la acera opuesta, los defensores de incluir en la enseñanza la importancia de la equidad de género (el colectivo “Con la igualdad no te metas”), afirman que la “ideología de género” -en realidad-  no existe como tal y que, en cualquier caso, lo que finalmente se busca es eliminar el tradicional y dañino bullyng asociado a estereotipos machistas que se van forjando y desarrollando desde que todos somos niños/as (por ejemplo, nociones como “niño que llora es maricón” o “niña que no juega con muñecas es marimacha”).

La supresión de esta clase de nociones y estigmatizaciones  viene siendo -a modo de referente- la sana tendencia educativa en los países más civilizados y/o con mejores índices de calidad de vida del planeta (Dinamarca, Finlandia, Suecia, Noruega, entre otros). En estos países que indiscutiblemente ostentan la mejor calidad educativa del mundo, ya se ha superado y/o dejado atrás la elemental asignación de roles y características asumidas por género, para abrir campo a que cada niño o niña pueda -de acuerdo a su propia sensibilidad- reconocer la manera de expresar libremente su género, sin que ello suponga ser catalogado de enfermo o, peor aún, sea perseguido, humillado y -de alguna manera- emocional y socialmente mutilado.

De ese modo, la educación contribuye a erradicar la homofobia y el machismo histórico que tanto daño produce no sólo en los niños y niñas (es decir, en nuestros hijos, hijas, nietos o nietas), sino en la humanidad entera, con miras a desarrollar y mejorar el mundo en el que vivimos, dotándolo de mayor tolerancia, solidaridad, fraternidad, equidad, justicia y libertad.

Sin embargo, es obvio que estos valores asustan a quienes prefieren -como en antaño- vivir bajo una estructura social rígida y excluyente, que condicione y subordine el género y la libertad sexual a dogmas y patrones pre-establecidos de control social, que bien nos recuerdan a la “Santa” Inquisición.

Para ellos y ellas, todos machistas por definición, el mundo es mejor si todos nos regimos única y exclusivamente bajo la arbitraria dicotomía del color celeste -si se nace con pene- o, como única alternativa, el color rosado -si se nace con vagina- tal como sugieren los miles de carteles y la millonaria propaganda con la que han decido adornar la ciudad de todos y todas. Así es pues, la ignorancia es atrevida y también profundamente machista.

 

Fotos: Adrian Arriola

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¿Sí? ¿No?, lo que importa es la causa

Alejandra

El pasado 8 de marzo (Día internacional de la mujer) se dio el paro de las mujeres a medio    día, en ese contexto, mis compañeras y yo empezamos a hablar de la situación de las mujeres en el mundo y su actual participación en diferentes espacios “no tradicionales”, como por ejemplo en el espacio político, en su acceso a la educación y a espacios laborales que antes eran considerados masculinos. Pero había una pregunta que rondaba en mi cabeza cuando hablábamos de los derechos de las mujeres ¿Qué es el feminismo? ¿Soy feminista?

 

Antes de responder me puse a indagar y me llamó la atención una frase de Mary Wollstonecraft “No les deseo (a las mujeres) que tengan poder sobre los hombres, si no sobre sí mismas”.

Entendí así que el feminismo no busca  la supremacía de las mujeres busca la igualdad de oportunidades y de los derechos entre hombres y mujeres, y me quedó claro que, en cambio, el machismo es una creencia de superioridad  de los hombres que desvaloriza a las mujeres, por lo tanto que el feminismo no es lo opuesto del machismo. He podido comprender que realmente tod*s caemos de una u otra manera en actitudes machistas porque hemos caído socializad*s en ellas y están presentes en cada aspecto de nuestras vidas, un claro ejemplo es la publicidad sexista. El machismo, también está presente en las canciones, en la manera en la que nos vestimos, absolutamente en todo. Lo  importante es abrir los ojos ya que una vez abiertos, aprendamos a mirar la vida de otra manera y a vivir la realidad de una forma completamente diferente.

Vivimos en una sociedad burbuja que nos ha hecho creer que nos encontramos en igualdad y mucha gente que realmente lo cree, mientras que en la realidad nos demuestra lo contrario. Por ejemplo, las mujeres destinan en promedio 36,32 horas semanales al trabajo no remunerado desempeñando dobles o triples jornadas, mientras que los hombres tan solo le dedican 15,7 horas; lo que implica que las mujeres invierten más del doble del tiempo que los varones en trabajo no remunerado[1].

¿Qué es lo que podemos hacer para cambiar esta situación? Pues el cambio está en nosotras mismas, nuestros derechos como mujeres fueron vulnerados a lo largo de la historia y por ellos es fundamental que el cambio parta de cada una de nosotras. Cada paso que damos importante y sin duda todas podemos aportar con un cambio de actitudes, donde rompamos los roles de género tradicionales, ya que no existen cosas específicas que hagan los hombres o las mujeres, estos roles  solo nos quitan las oportunidades de ser lo que realmente lo que queremos ser.

Por ello es que romper los roles tradicionales que nos impone la sociedad que refuerzan mitos y estereotipos como: a qué edad ya deberías habernos casado, o que  la mujer siempre debe ser delicada, sensible, preocupada, interesada por la apariencia y siempre arreglada, en cambio los hombres siempre deben ser fuertes, racionales e independientes. Todos estos son algunos ejemplos de los roles y creencias que en realidad se nos imponen. Como resultado, muchas veces, se termina dejando de lado lo que realmente queremos ser y hacer.

La Juventud está perdiendo la costumbre de luchar por las cosas, las grandes luchas por los derechos de las mujeres, las hicieron nuestras abuelas y madres. Gracias a ellas, nosotras vivimos en una sociedad donde ya no debemos luchar para emitir nuestro voto o acceder a la educación, pero desde mi perspectiva todavía nos queda mucho por conseguir. El feminismo se está renovado y quizás ahora la modalidad de lucha sea otra, pero de una u otra forma, debemos pelear por nuestros derechos, ya que al final,  como todo lo que no se cuida, corre el riesgo de perderse. Debemos defender nuestra participación en el espacio público de la sociedad, tener voz  y que se escuche muy fuerte, demostrando así que también el feminismo se ha renovado.

Esto es solo un llamado a la reflexión, porque la pelea por la igualdad continúa para que esta sociedad logre un cambio y sea un lugar mejor, las mujeres luchamos por un fin común nuestra causa principal que siempre es y será la igualdad entre hombres y mujeres. Que cada mujer tenga el control de su propia vida.

Si crees que las mujeres merecen un salario  y un trato justo, eres feminista; si defiendes los derechos de las mujeres, eres feminista; si crees que las mujeres merecemos respeto, eres feminista; si tú como mujer crees que puedes conseguir todo lo que sueñas y todo lo que quieres, eres feminista.

Tomemos parte en la lucha por la igualdad y seamos dueñas de nuestra vida de nuestro destino, de nuestro tiempo, que cada mujer sea realmente libre de  emanciparse y de gozar plenamente de la igualdad de oportunidades. Seamos una fuerza imparable.

 

Fuentes de la infografía

[1] Encuesta Continua de Hogares Montevideo-Uruguay Septiembre de 2008

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