Category Archives: Formas de VcM

#NiUNAcosoMás

Angelica

Muchas veces suponemos que en las universidades se encuentran solamente personas pensantes y capaces de guiar por el camino profesional y, por qué no, también  por el camino personal. Sin embargo, como en cualquier lugar del mundo, existen personas con mala intención y que pueden pasar desapercibidas a los ojos de l*s estudiantes. Al tener una posición más elevada respecto a sus alumn*s, algunos profesores creen que pueden abusar impunemente de su poder y, para ello,  buscan a quienes se encuentran en una posición de notoria vulnerabilidad respecto de ellos, mujeres jóvenes, con una posición más subordinada debido a su condición de mujeres y además a que l*s docentes representan la autoridad.

La violencia hacia las mujeres no solo es ejercida por hombres que no tienen educación o bajo nivel económico sino también por hombres con perfiles académicos “excelentes” y con altos puestos laborales como “profesores-doctores”. ¿Quién va a pensar que un profesor de ese nivel tendría un lado oscuro, abusador?

En el año 2015, una universitaria hizo una denuncia en contra de su profesor por acoso y coacción sexual. Durante ese año ella fue delegada de su curso y la intermediaria entre sus compañer*s y l*s profesor*s. Fue allí cuando un día su profesor la invitó a un congreso en la capital y se ofreció a hacerle un tour por el campus universitario. Muy emocionada por la noticia e ilusionada por conocer la universidad matriz la estudiante aceptó, sin imaginar que esto se convertiría para ella en una pesadilla.

Durante el tour por el campus universitario, la estudiante fue coaccionada sexualmente por su profesor. Al volver a su ciudad, ella intentó hablar sobre lo ocurrido con otros profesores pero solo le aconsejaron que no dijera nada porque era un hombre poderoso, así que decidió callar por un año y medio, hasta que un día se animó a denunciar gracias al apoyo de otr*s estudiantes.

                                                Fuente: Twitter del Centro de Estudiantes de Medicina – Paraguay

Motivada por el soporte de sus compañer*s y tod*s l*s estudiantes de su universidad hizo el hashtag #NiUNAcosoMás, consiguiendo de esa forma que esta denuncia no solo se trate de una lucha entre una estudiante y un profesor en particular sino en la de tod*s l*s estudiantes  del país.

El acoso en la universidad es una conducta particularmente grave en el caso de profesores hacia las estudiantes, que no pueden defenderse por temor a reprobar la materia o de convertirse la burla de sus compañer*s.

Esta conducta, dependiendo de la vulnerabilidad de la agredida, puede ser de diversa intensidad y manifestarse a través de sobornos, intimidación, amenaza, coerción, chantaje y, en el peor de los casos, abuso sexual.

                                                                       Fuente: Periódico “El Observador Mujer”- Uruguay

Por lo general las universidades no cuentan con protocolos institucionales para combatir estos actos ilícitos y proteger a las víctimas. Solo se puede luchar a través de denuncias en el ámbito penal, con todas las enormes dificultades que ello implica para las agredidas. Esto no debería de ser así ya que siendo la universidad una institución de educación superior, que forma profesionales y contribuye al desarrollo de la sociedad futura, tiene la responsabilidad de implementar medidas claras para prevenir que estas situaciones se presenten en sus campus y, en caso de producirse, proteger a la estudiante y sancionar drásticamente a los docentes que cometen estos abusos. Es hora de levantar nuestras voces y decir #NiUNAcosoMás.

Bibliografía.

Tagged , , ,

Autoestima

Alejandra

Valentina, una chica hermosa, tierna, muy amable con cualidades que  todas quisiéramos tener. Simplemente era feliz, por su cabeza no pasaba su apariencia hasta que un día todo cambio. Se vio al espejo y comenzó a pensar que no era suficiente, se puso a dudar de si misma y pensó que ya no era linda y, poco a poco, empezó a creer que todo ya no era maravilloso. La felicidad había desaparecido y ya no quedaba nada de la chica que solía ser. Había perdido su identidad, se convirtió en algo que ni ella misma podía reconocer. La historia de Valentina puede representar a millones de nosotras y también a alguien cercana que pasa por una situación similar.

 

¿Qué entendemos por autoestima? La podemos definir como “El aprecio o consideración que una persona tiene de sí misma”; pero ¿Qué pasa cuando no sientes este aprecio por ti? ¿Dónde y en qué etapa empieza a surgir la baja autoestima? Se puede atribuir a diversos factores a los que se enfrentan las niñas y adolescentes entre ellos: situación familiar, los estereotipos que te asigna la sociedad, la vida en el colegio, etc.
La  baja autoestima marca tu  manera de vivir. Puede ir desde cómo te vistes hasta la manera cómo te comportas, ya sea en un ambiente escolar o de trabajo. La baja autoestima no es un problema exclusivo de la adolescencia y si no se resuelve, se puede arrastrar hasta la adultez, ya con otro tipo de conflictos.

Muchas adolescentes y jóvenes dejan de lado diversas actividades a causa de una baja confianza en su cuerpo. Por ejemplo: evitan ir a la piscina o la playa; a la inversa otras realizan deportes porque tal parece que también el “estar en forma” se ha vuelto más un tema de moda que de salud. Muchas compran ropa con tallas cada vez más pequeñas e irreales que las  acomplejan, etc. Los estándares de belleza que se imponen, hacen que se busque una perfección que no existe pero que está acompañada de tanta publicidad que conduce a que las adolescentes, que se encuentran en un ciclo de desarrollo y formación de la personalidad, acepten estos estereotipos y al no alcanzarlos entren en estados de depresión que pueden ser fatales.

Sobre esto último, actualmente la relación con las redes sociales es determinante, muchas adolescentes buscan aceptación y puede darse el cyber bullying que es muy difícil de controlar.

 

Otra manifestación de baja autoestima se da en las relaciones de pareja. Por ejemplo en el noviazgo, donde aprovechándose de esta situación se producen chantajes, situaciones de control e insultos tratando de desvalorizarlas. Si alguna vez presenciamos alguna situación similar debemos intervenir, decir que esto No Es Algo Normal y que si alguien te va a querer, que te quiera BIEN. Las chicas deben saber que nadie, absolutamente nadie, puede hacerlas sentir menos, que valen muchísimo y recordarles que nadie tiene el derecho de hacerlas  sentir inferior.

Salir a la calle y escuchar comentarios como: “mira la gorda”, “mira la flaca”, “esa enana”… son adjetivos que pueden marcar toda la vida de una persona.

Lo que propongo es Involucrarnos y realizar una vigilancia permanente. Si vemos a alguien en la oficina, en el colegio, que se encuentre decaída, distraída, que se menosprecia, es decir signos de alarma, tenemos que estar prestas a dar nuestro tiempo y nuestra escucha.

Siempre  hay que recordar que somos valiosas, que cada una de nosotras tiene una belleza única y somos genuinas a nuestra manera de ser, que nadie es más ni nadie es menos, ¡una es lo que es! Tenemos un potencial muy grande y si hay algún obstáculo muchas veces, el límite te lo pones tú. Recordar que no estás sola, que cuentas siempre con apoyo. Las personas tendrán un concepto de belleza pero es uno de miles porque  la belleza está en el ojo de quien la observa.

Y si no lo escuchaste hoy, eres BELLA, eres IMPORTANTE y tú vales la pena.

Tagged

Detrás de las dignas apariencias

Compartimos con ustedes la colaboración de nuestro blogger invitado, Manuel

Manuel Bartra Mujica es abogado laboralista, graduado con honores en la Universidad de Lima, con especialidades de post grado en gestión del talento. Además de su actividad profesional, escribe columnas de opinión respecto a sus intereses políticos y sociales.

Detrás de las dignas apariencias

Imaginemos por un momento que por fin tenemos la suerte de visitar una gran empresa que -desde que tenemos plena conciencia- sabemos que es todo un referente positivo en nuestra sociedad. Sin duda, tal empresa no solo cuenta con miles de colaboradores, sino también con tantos millones de dólares que si -realmente lo quisiera- podría terminar rápidamente con muchas hambrunas que -en pleno siglo 21- siguen matando, cada día, niños y niñas en algunos países del mundo.

Sin embargo, una vez que estamos dentro de esa gran empresa, notamos que -curiosamente- todos los puestos importantes o que tienen poder de decisión están única y exclusivamente ocupados por hombres, desde el gerente general, pasando por todos los gerentes de línea, hasta los jefes de todas las áreas e incluso cada uno de los miles de supervisores. En suma, es una empresa cuyos puestos de dirección y mandos medios recaen, sin excepción alguna, en hombres. Ante nuestra sorpresa consultamos al guía de la empresa que dirigía nuestra visita si ello era coincidencia o pura casualidad, sin embargo su respuesta fue implacable al decirnos que por política corporativa, eso era así desde la misma fundación de la empresa y, de hecho, se mantendría así por siempre jamás. No obstante, añadió que -si nos fijábamos bien- sí encontraríamos mujeres trabajando en la empresa, pero -eso sí- solo en puestos auxiliares de secretaria y de recepcionista. Lo más curioso de todo es que el guía y los demás integrantes de esa empresa no solo defendían dicha práctica, sino que se sentían orgullosos de esa política, la misma que era avalada por todos y todas. A pesar que ello sería entonces de público conocimiento, yo no entendía cómo era posible que nuestras autoridades y la sociedad en general no solo tolerarán ello, sino que a pesar de dicha discriminación sistemática de género, seguían considerándola como una organización inspiradora, digna y ejemplar.

Para total ironía, imaginémonos ahora que dicha empresa ostenta además el mandato colectivo de guiar y orientar la conciencia de la sociedad, gozando de la potestad de juzgar qué conductas son correctas y moralmente aceptadas y cuáles son -por el contrario- incorrectas y susceptible de escarmiento público.

Para nuestro triste pesar, la realidad siempre supera la ficción, de modo que el escenario imaginado no solo describe la realidad de una o muchas empresas peruanas, sino la de nuestra propia Santa Iglesia, la cual -desde hace 2 mil años- es gobernada y dirigida solo por hombres para gozo de sus miembros. Así vemos que el Papa (y todos sus antecesores), los cardenales, los obispos y todos los curas son, necesariamente y por regla absoluta del derecho canónico, hombres, mientras que las mujeres deben limitarse a solo ser monjas, las cuales nunca podrán impartir los sacramentos (dar la comunión, celebrar entierros u oficiar bodas por ejemplo), dirigir misas ni tener la chance de tomar decisiones políticas en la organización a la que pertenecen.

Misioneras de la Caridad en protesta contra la violencia de género

Misioneras de la Caridad en protesta contra la violencia de género

Cabe preguntarse entonces: ¿Acaso las mujeres, por el solo hecho de serlo, no tienen la espiritualidad ni la capacidad suficiente para tales menesteres?, ¿Es justo y necesario que por ser mujeres estén física y moralmente impedidas para si quiera tener la oportunidad de poder participar democráticamente en la conducción de la Iglesia?, ¿Es realmente creíble pensar que Jesucristo mismo -cuyo mensaje revolucionario fue siempre de amor fraternal, igualdad y generosidad hacia el prójimo- haya instaurado como supuesta ley divina y perpetua que las mujeres de su Iglesia estuvieran siempre relegadas en un segundo plano, subordinadas y sometidas al poder y a la voluntad de los hombres?. Es pues, evidentemente, la encarnación del machismo histórico, el emblema de la misoginia y el patriarcalismo brutal y fuente penosamente vigente de segregación y de violencia ideológica contra las mujeres, es decir, en contra de nuestras madres, pareja, hermanas, hijas y nietas.

La pregunta resulta obvia: ¿Hasta cuándo seguiremos contribuyendo con nuestro silencio e indiferencia en mantener esa estructura de dominación y de violación al derecho a la igualdad que tan nefasta influencia y daño produce en nuestra sociedad y tan pésimo ejemplo constituye para nuestros niños y niñas?

Paradójicamente y a pesar del deber que siento de seguir cuestionando esta injusta desigualdad al interior de nuestra propia Santa Iglesia, tengo la fe que el Papa Francisco, tan opuesto -gracias a Dios- a ciertos cardenales amigos del plagio y enemigos de los derechos humanos, pueda -si quiera- empezar a crear los cambios que permitan a la mujeres tener la oportunidad de acceder al sacerdocio -tal como ya ocurre desde hace varios años en la Iglesia Anglicana- y acabar así con más de 20 siglos de abuso y de discriminación de género.


 

Fotos: Stock / IDiva.com