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La violencia invisible

Larissa

Manipulación, control, chantaje y  también golpes y patadas, no sólo son problemas de las relaciones heterosexuales,  la violencia también ocurre en relaciones del mismo sexo.

Si hablamos de la violencia de pareja, usualmente se imagina un agresor, según los estereotipos, como un hombre, alto, fuerte, agresivo, mientras que las mujeres agredidas son  tiernas, delicadas, débiles y emocionales. Una mujer que maltrata a su pareja es una imagen casi inimaginable en nuestras cabezas.

Según la Organización Mundial de la Salud, al menos 3 de cada 10 mujeres son violentadas física o sexualmente por su pareja (WHO 2013). Aunque la violencia contra las mujeres en relaciones de pareja (VcM) es solo un tipo de violencia entre muchas, es la más extendida del planeta. En la mayoría de los casos son mujeres en relaciones heterosexuales las que sufren violencia proveniente de sus (ex)novios o (ex)esposos. Pero no solo las mujeres heterosexuales sufren violencia de pareja,  también es un problema en las relaciones del mismo sexo, aunque no necesariamente se quiera reconocer.

Cuando se trata de violencia de pareja o expareja del mismo sexo, se habla de la violencia intragénero. El problema es que no hay cifras, ni estadísticas oficiales que muestren claramente su prevalencia.

                                                   Foto: @katdoubleve / photocase

Hay pocos estudios que se hayan aproximado al tema. Un estudio realizado por la Universidad de Northwestern (Chicago) en el año 2014, concluyó que entre el 25% y el 75% de las lesbianas, gays y transexuales fueron víctimas de violencia de pareja. Recientemente, un estudio del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM), reveló que un 30% de las personas homosexuales reconoce haber ejercido violencia hacia sus parejas del mismo sexo y el 60% conoce a alguien que ha sufrido violencia, mayormente psicológica. Estas cifras son parecidas a las de las relaciones heterosexuales. Pero en el caso de la violencia intragénero la cifra debe ser más alta porque muchas mujeres y hombres homosexuales no se atreven denunciar a su pareja.

Existen muchos prejuicios cuando se habla sobre la violencia intragénero. Alguna gente piensa que las relaciones del mismo sexo son igualitarias y no hay violencia, pero no necesariamente es así. La violencia no tiene  nada que ver con la fuerza física, más bien con la posición de dominación y sumisión. Y existen los mismos problemas de dominación y sumisión que en las otras relaciones.

Las raíces de la VcM están basadas en el desequilibrio sexista e histórico de poder que existe entre hombres y mujeres que viven en una sociedad patriarcal.  Este desequilibrio de poder también puede darse en las relaciones entre personas del mismo sexo.

La violencia intragénero también es parte de una sociedad patriarcal y tienen una dinámica similar a la de la violencia contra las mujeres en relaciones heterosexuales. Los tipos de violencia son similares. Lo único en que se diferencian es que no hay roles de género definidos. En las relaciones del mismo sexo no necesariamente alguien cumple un rol femenino o masculino.

Hablamos de violencia intragénero cuando existe una desigualdad de poder y una persona ejerce su poder para hacer daño a la otra o para hacer prevalecer su opinión. Otra forma es que una de las partes quiere tener control sobre la otra. Le pone reglas sobre cuándo y con quién salir, cómo se viste o controla sus gastos económicos.

Las formas de violencia son las mismas que en una relación heterosexual (física, psicológica, económica, sexual) aunque con algunas características específicas.

Una de estas es el chantaje de hacer pública su orientación sexual, especialmente cuando se tiene temor sobre cómo reaccionará la familia, amig*s o coleg*as del trabajo y  de ser discriminad* por ell*s.

Denunciar a la pareja no siempre ayuda. Por ejemplo en el Perú y muchos otros países todavía no hay leyes que protejan a l*s agredid*s contra la violencia intragénero. Además, a veces la policía no toma en serio las llamadas de una mujer que dice ser maltratada por su novia.

                                                                              Foto: @katdoubleve / photocase

La ausencia de leyes es sólo un problema con que se ven confrontad*s l*s integrantes de la comunidad LGBTIQ. Otro problema es el apoyo de la comunidad LGBTIQ. La violencia intragénero es un tabú en el colectivo porque se teme dañar la imagen de la propia comunidad. Sin embargo el hecho de que la propia comunidad LGBTIQ se involucre, podría ser muy importante ya que conocen la verdadera situación de la gente. Muchas personas sufrieron en su juventud discriminación por ser homosexuales lo que afecta sus futuras relaciones. La comunidad podría utilizar sus conocimientos para desarrollar medidas adecuadas de acercamiento al tema y encontrar soluciones para l*s agredid*s. Además con un mejor acceso a l*s involucrad*s.

Por otro lado, no hay un gran interés público en el tema y todavía existen varios mitos y prejuicios que dificultan la investigación y erradicación de la violencia intragénero. Para mejorar la situación hay que distanciarse de los estereotipos y analizar la realidad de la vida de la persona que ama a una persona de su mismo sexo. La violencia es un problema que afecta a todas las partes de nuestra sociedad y no solo a un grupo específico. Es importante implementar un marco institucional que proteja a l*s agredid*s y que tome en cuenta las circunstancias especiales de las personas LGBTIQ. Para ello es necesaria una mejor cooperación entre esta comunidad LGBTIQ, el Estado y la sociedad civil. El personal de los Centros de Emergencia existentes, incluyendo la  propia Policía, debería saber cómo tratar adecuadamente estos casos, con capacitación especializada.  Deberían crearse Centros de emergencia y de consulta especializados en el tema de la violencia intragénero. Hay que hablar de los problemas y hacer la violencia intragénero visible, porque existe. Deberíamos analizar las estructuras en las que crece esta violencia y desde allí empezar a trabajar para prevenirla y erradicarla.

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Fuentes:

WHO: http://www.who.int/gender/violence/who_multicountry_study/summary_report/chapter2/es/index2.html

El diario: https://eldiariony.com/2017/05/02/el-drama-del-doble-armario-la-violencia-invisible-dentro-parejas-del-mismo-sexo/

Generando Igualdad: http://www.generandoigualdad.com/que-es-la-violencia-intragenero/

Cascara amarga: http://www.cascaraamarga.es/politica-lgtb/lgtb-espana/14325-el-30-de-los-homosexuales-reconoce-haber-ejercido-violencia-hacia-sus-parejas.html#.WO8z1lq76EM.twitter

Playgroundmag: http://www.playgroundmag.net/articulos/reportajes/violencia-parejas-mismo-cobra-victimas_0_1964203593.html

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La violencia de género y la comunidad LGTBIQ

Claudia

 

La Comisión Internacional de Derechos Humanos califica los actos de violencia contra mujeres, incluyendo a las mujeres lesbianas, bisexuales y trans, como manifestaciones estructurales e históricas del sexismo, prejuicios contra orientaciones sexuales e identidades de género no normativas, y la desigualdad entre los hombres y las mujeres prevalentes en nuestras sociedades (CIDH, 2015). Estos actos de violencia se caracterizan por ser ciclos continuos de violencia y discriminación que se multiplican por la impunidad y la falta de acceso a la justicia.

                                                                                                                      Foto: CNN.com

Las mujeres lesbianas corren especial riesgo de violencia como resultado de la misoginia y la inequidad de género en la sociedad (ONU, 2015). Aunque se trata solo de la punta del iceberg, como muestra de ello se registraron 55 actos, entre letales y no letales, de violencia contra mujeres lesbianas o percibidas como lesbianas entre enero 2013 y marzo 2014 en 25 Estados Miembros de la Organización de Estados Americanos (CIDH, 2014).

Un ejemplo de estos actos son las mal llamadas “violaciones sexuales correctivas”, prácticas donde se viola a mujeres lesbianas con el objetivo de sancionarlas y castigarlas por su orientación sexual. La gran mayoría de estos casos no están documentados debido a la falta de denuncias. Para llenar el vacío por la falta de estadísticas, en el 2015 se publicaron testimonios de Perú en el libro Hey, soy gay donde se relatan casos como el de una Arequipeña violada por su tío “para hacerla mujer” (BBC, 2015).

En Ecuador se tienen los casos de los centros de rehabilitación clandestinos que buscan “curar” la homosexualidad a través de agresiones físicas, torturas con electrochoques, violaciones sexuales correctivas también llamadas terapias sexuales, privación de alimentos o consumo de alimentos descompuestos,  entre otros (El Universo, 2013).

La CIDH también visibiliza el problema de la violencia contra mujeres trans como el resultado de diversos factores con efectos multiplicadores, como la exclusión, discriminación y violencia dentro de la familia, las escuelas y la sociedad en general, la falta de reconocimiento de su identidad de género, la participación en ocupaciones que las ponen en mayor riesgo de violencia, y la alta criminalización.

                                                                                                                  Foto: Lau_Lau Chan

Esta violencia generalizada, los prejuicios y la discriminación por la sociedad en general y dentro de la familia, son obstáculos para que las mujeres tengan acceso a la educación, los servicios de salud, vivienda y al mercado laboral formal. Como es el caso de aproximadamente el 90% de mujeres trans en América, las cuales ejercen el trabajo sexual como medio de supervivencia (REDLACTRANS, 2014).

Otra manifestación es la violencia médica, como en los casos de personas intersex. Es importante señalar que la CIDH no tiene datos específicos pues estos actos de violencia son principalmente intervenciones médicas que buscan “normalizar” los genitales y/o cuerpos de las personas intersex, de acuerdo a protocolos médicos aprobados por el Estado. La mayoría de estas intervenciones se realizan sin el consentimiento de la persona intersex, sus padres o madres; además, los sentimientos de vergüenza y temor a la discriminación por parte de la sociedad suman a la invisibilidad de esta forma de violencia (CIDH, 2014).

Se enfatiza que el número de casos registrados es bajo y una de las razones por la que se dificulta la denuncia y visibilización de este tipo de casos es la cercanía que las víctimas tienen con sus agresor*s, que muchas veces son parte de sus familias o entornos conocidos donde se utiliza la heterosexualidad obligatoria como mecanismo de control. Otra razón es el temor a represalias al identificarse como LGTBIQ o porque no confían en la policía y/o el sistema judicial, especialmente al conocerse casos de abusos policiales como actos de tortura, tratos inhumanos y degradantes, y ataques verbales y físicos.

                                                                                                                          Foto: Telegraph

La violencia se reproduce en los servicios e instituciones del aparato de justicia del Estado, primero por la falta de una adecuada protección legal, ya que no existen agravantes por discriminación basada en la orientación sexual e identidad de género en los crímenes de odio. Asimismo, es necesario dar a todas las personas el derecho de reconocimiento de su identidad de género en documentos oficiales. En segundo lugar, para evitar la revictimización se debe capacitar a l*s funcionari*s públic*s para responder y atender de forma correcta a las víctimas, para que mujeres lesbianas, bisexuales y trans ya no sufran de tratos discriminatorios, cuestionamientos reiterados y abusivos sobre su vida sexual por trabajador*s públic*s como oficiales de medicina forense, policías, jueces y juezas, entre otr*s.

Internacionalmente se han definido cinco pasos clave para poner fin a la discriminación y violencia contra la comunidad mundial LGTBIQ, que sólo podrán ser cumplidos a través de una alianza global: despenalización, despatologización, reconocimiento de la identidad de género, inclusión cultural y empatización (ONU, 2016).

Fuentes:

BBC, 2016: Perú “violaciones correctivas, el terrible método para curar” a las lesbianas

CNN, 2017: La compleja realidad de ser gay en América Latina

Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 2014: Una Mirada a la Violencia Contra Personas LGBTI

Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 2015: Formas y Contextos de la Violencia contra las Personas Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex

El Universo, 2013: En Ecuador hay unos 80 centros clandestinos que ofrecen rehabilitación de adicciones

Organización de las Naciones Unidas, 2016: Discriminación y violencia contra las personas por motivos de orientación sexual e identidad de género

Organización de las Naciones Unidas, 2016: El nuevo experto de la ONU sobre LGBT insta a asociarse globalmente para poner fin a la violencia y la discriminación

Red Lactrans, 2014: Informe sobre el acceso a los derechos económicos, sociales y culturales de la población trans en Latinoamérica y El Caribe

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La crisis global de la masculinidad

“Solo hay una cosa que es tan global como la era digital: Es la crisis de la masculinidad.”

Esta tesis fue formulada por el periodista Daniel-Dylan Böhmer en su artículo en el periódico alemán Die Welt: “¡Mujeres del mundo: Sálvanos de estos hombres!”

Böhmer observa que la violencia contra las mujeres está creciendo – no solo en América Latina, sino en todo el mundo. Escribe que en Guatemala un promedio de dos mujeres son asesinadas cada día. En la India, miles de mujeres son asesinadas por la dote cada año. En Estados-Unidos, el 83% de las niñas han sufrido acoso sexual y en la Unión Europea entre el 40 y 50% han sufrido hostigamiento laboral.

Según Böhmer, el problema no está basado en la cultura, ni en la religión. Está basado en los hombres que sufren una crisis de la masculinidad – en todo el mundo.

Recientemente, Estados Unidos votó por un presidente aunque acusado por intentos de violación se vanagloria de otras agresiones sexuales.

Böhmer se pregunta: “¿La violencia contra las mujeres en el mundo es hoy en día más fuerte, más frecuente, más brutal?”

Llega a la conclusión que es difícil investigarlo por la gran cantidad de cifras, pero se da cuenta, que hay hombres líderes en la política que frecuentemente le quitan importancia a la violencia sexual, la normalizan y la legitiman.

El periodista consta que ningún grupo terrorista en la historia del Islam colocó a la violencia sexual en el centro de sus conceptos tanto como la milicia del Estado Islámico. Con una resolución judicial que explica la esclavitud sexual de las mujeres como medio para provocar el Día del Juicio, el Estado Islámico recluta luchadores potenciales y conversos en Europa, Estados Unidos, África y Asia.

¿Pero es posible que exista un paralelo entre los feminicidios en América Latina, los esclavistas del Estado Islámico y el presidente de los Estados Unidos?

Böhmer observa que hay una cuestión que, analizada desde una perspectiva de género, es tan universal como la tendencia a la agresión sexual: las experiencias de la devaluación de los hombres en el cambio radical de las economías y las sociedades.

El ámbito laboral está cambiando. Calidades supuestamente masculinas como la fuerza y la desconsideración, están siendo devaluadas en una economía que requiere de comunicación y adaptabilidad, escribe Böhmer.

En el nuevo mundo laboral las mujeres son seguras de sí mismas, independientes y fuertes en sus relaciones. Y en Lima, Nueva York y Mossul, los hombres se quedan atrás. Ellos entran en crisis porque tienen la impresión que pierden sus privilegios, su estatus y quizás su trabajo. Esta crisis económica puede llevarles a ser más violentos, escribe la periodista Ute Scheub.

Böhmer señala que esta crisis de la masculinidad es un peligro para el planeta. Y las mujeres tampoco se salvan de esto.

¿La razón por el crecimiento de la violencia? El miedo. La nueva masculinidad consiste en la ansiedad. Su valor emocional es tan transcultural como la música pop o la Coca-Cola. Los clichés del dominante hombre blanco y del déspota oriental ya no existen más. Las antiguas imágenes culturales de los hombres han pasado a la historia, lo único que queda es este antihéroe que en realidad es un hombre tembloroso. Es una tragedia de nuestro tiempo, concluye Böhmer. El pide: Mujeres del mundo: Sálvanos de hombres como estos antihéroes. Solos ya no logramos más.

 

Fuentes:

https://www.welt.de/debatte/kommentare/article160952911/Frauen-der-Welt-rettet-uns-vor-diesen-Maennern.html

http://www.deutschlandfunkkultur.de/maenner-koennen-in-einer-krise-gefaehrlich-werden.954.de.html?dram:article_id=145104

Fotos:

(1) “GreenLabyrinth” by Ferenc Ungor is licensed under a Creative Commons license: https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/

(2) Adrian Arriola

(3) “Man” by José Carlos Cortizo Pérez is licensed under a Creative Commons license: https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/

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